Friday, April 01, 2005

Introducción

Poemas sueltos, que no surgieron para formar una colección ni para ser leídos por otros ojos. Ni siquiera surgieron para nada, sino que brotaron sin apegarse a más estructura que la de la emoción espontánea y tremenda. Su único hilo: el tiempo.

Poemas de amor, que salieron de mi pecho inflamado y ciego con ímpetu de tormenta. Pueden por ello parecer ridículos. Si ahora lo son, no lo sé. Mas en su momento fueron bellos.

Poemas que en fin no son más que historia. Mi historia.

Dedicatoria

A Jesús,
redención y martirio.
Agradecido.


Libertad no conozco
sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina

Luis Cernuda

A tu pueblo, de repente

A tu pueblo, de repente, había ido
con el ansia de encontrar una aventura
y sin saber que me iría enriquecido.

Llegué un día gris en la espesura
de la niebla otoñal, y con el frío
que lleva en sus inicios la locura.

La locura de un deseo viejo y mío.
La locura de entregarme a un extraño.
¡Ay locuras, gloria traen, o extravío!

Atrás iban a quedar normas de antaño,
de los tiempos, ahora río, tan oscuros
cuando era otro más en el rebaño.

Romper quería, al fin, los altos muros
que te imponen las costumbres y la gente
y dar alas a mis sueños, los "impuros".

Cual hoja blanca que no tenía en mente
encontrarse alma tan clara y tan noble
y en sorpresa te trocaste, lentamente.

En un mundo seco y frío es suerte doble
tropezarse en el borde del camino
con un árbol tan frondoso como un roble.

¿A quién debo agradecer, es al destino,
la ventura de este encuentro, de este hallazgo?
¡El Tarot lo predecía, cristalino!

Con los ojos bien abiertos ahora yazgo
recordando tu abrazar, tu hermano abrigo,
y tu misma existencia te agradezco,
compañero querido, viejo amigo.

Arnhem, 7/XI/1993

Tocar tu pelo

Tocar tu pelo,
¡tu pelo, hermano!,
con los diez dedos
de mis dos manos:
nada más anhelo.

Bonn, XI/1993

Apariciones

Cada vez que me pongo a pensar
y cada vez que paro de pensar,
en cada momento,
da un vuelco mi sangre y apareces
lentamente
como yo no quería que aparecieses,
como tú no querías aparecer.

Estás ausente y aquí estás:
dolorosamente distante,
tan distante que te creo a veces un espejismo;
y a la vez tiernamente cercano y presente en mi memoria
como este viento de otoño viejo que sin piedad azota mi rostro.

Ah, quién te hizo ubicuo para sentirte
constantemente,
y quién te dió permiso para meterte
de esta manera
en mi vida de ermitaño,
en mi solitaria existencia.

Bonn, 17/XI/1993

Al soplo del viento...

Evoco,sumido en la nolstalgia cotidiana,
al negro torbellino de tu pelo
encrispando las olas de mis húmedas entrañas.

Raíces inmemoriales, troncos poderosos,
anacondas de lentos movimientos:
mi cuerpo y tu cuerpo
fundiéndose en un cuerpo único,
macizo jadeante y sudoroso,
ardiente volcán de pasión retenida.

Del cráter común, entre llamas y rugidos,
brota y cubre el cielo espeso, blanco humo.
Tiemblan la tierra y los árboles y hasta el sol palpita
en la locura del terremoto.
Y cuando se apaga la lava y el cielo se abre:
la mar y su amanecer apacible.

Al final
nuevamente tu pelo arremolinado,
brisote nocturno entre mis dedos cansados,
hincha las velas de mis sueños para huírle al tiempo.

Bonn, XII/1993

Lágrimas de domingo

Si sientes tu pecho hundirse
como un racimo de zargazos quemados por el tiempo
en ese mar revuelto que es la tristeza:
llora, amigo, no te avergüences.

Es la despedida parte del juego
y de este dolor que nos invade de golpe
nace la alegría del próximo encuentro.

Despierta el tren y echa a andar
con el resuello de lo que involuntariamente se aleja,
dejándome a mí en este extraño país,
llevándote a ti hacia aquel otro.

Tras del brillo de tus ojos, ventana empañada,
se desvanece como un espejismo el rostro que más he amado.
Te repito: no te avergüences.
Llora, amigo, que yo lloro contigo.

Colonia, 19/XII/1993

Tres décimas de año nuevo

I
Un año menos tenía
cuando, el año pasado,
la última vez a tu lado
tu risa alegre caía
como las aguas crecidas
sobre mi pecho anegado.
Pasó el tiempo y no ha borrado
tus ojos color de noche,
del más profundo azabache,que a mi razón han atado.

II
Con cada día que pasa
mi ya grande ansia crece
hasta el punto que parece
agua que el dique rebasa
y con reventar amenaza.
A reventar voy, sin dudas,
si mis dos manos menudas
dentro de poco no puedan
tocar tu pelo, y se unanmi boca y tu boca, mudas.

III
Yo nunca pensé en quererte;
sólo aventura buscaba.
Y he aquí que como lava
tu imagen pasa, caliente,
quemándome de tal suerte
que la llevo ya impregnada
en la frente, en la cara,
cual estrella de otro cielo
que guardo con gran recelo
por ser lejana y amada.

Bonn, 4/I/1994

Dichos

Decir te extraño
es perderme en tus ojos
para encontrar la luna,
sólo encontrar la luna.

Decir me gustas
es aferrarme a tu cuerpo,
evocar el juego
ahogado entre suspiros.

Decir te quiero
es agarrar tu risa
para crear la mía,
para soñar contigo.

Decir te amo
es cerrar los ojos,
abrir el alma
y soltar el llanto.

Bonn, I/1994

La batalla

Súbito, tu labio,
débil llama desnuda,
avanza.

Desplegando velas
mi inocente mirada
se sorprende.

Con ráfagas de luz viva
tu pupila nocturna
ataca.

Sangrando mares,
endurecida, mi razón
retrocede.

Las lenguas de fuego
del huracán de tu aliento
arrasan.

Mi voluntad sin escudo,
ya estrella de otra noche,
capitula.

Se alza, temblando, hasta el cielo,
victorioso y ufano,
el deseo.

Bonn/Paris, II/1994

Follajes I

Tu cuerpo de roble a mi razón desnuda.
De tronco, ramada y follaje hambrienta,
el calor de tu sombra en mi alma alienta
un ansia a la que sólo amar ayuda.

Danza tu copa con el viento y anuda
mis sentidos de trapo... Ya va, lenta,
a sorber, mi boca trémula y sedienta
la savia de tu férrea raíz muda.

¡Ah la maravilla de tu paisaje
que a pecar constantemente me incita!
Arrasa con fuego el furioso oleaje
que es el deseo que tu leña excita.

¡Consúmanse en un mar de llamas rojas,
en verde abrazo, mi carne y tus hojas!

Bonn II/1994

Follajes II

Príapo magno, erguido y valiente,
mis mares surcas con el viento a favor.
¡Qué goce me causa, en vez de dolor,
sentir en mí tu balano moliente!

Ebria de dicha mi piel tiembla y siente
tus manos que exploran llenas de calor.
¡Desbórdase el fuego! ¡Estalla el amor!
Comienza el final de este juego ardiente.

Los sentidos pierdo en loco crescendo
incontrolable del ritmo y del placer.
¡Ay si eternizar pudiera este instante
increíble que me está estremeciendo!

Con la explosión final he vuelto a nacer
para morir en tus brazos, feliz, jadeante.

Bonn, II/1994

Eucaristía

Una copa de buen tinto,
tres rebanadas de pan
y de León un chorizo
sobre mi mesa sin mantel.

Comiendo me viene a la mente,
cual gorrión revoloteando,
dulce y tibio el recuerdo
de tu sangre abrasante,
de tu macizo cuerpo
y de tu miembro pujante.

Bonn, II/94

Rodar, vuela

Rodar: vuela
con vertiginosa celeridad el paisaje
y yo tranquilo en el centro
disfruto sin prisa y callado.

Rueda: humana invención
de la primera y ya olvidada hora:
girando me lleva hacia tí
más rápida que mi pensamiento.

El tren: marea de hiero,
arrastra impetuosa el deseo
entre mi playa y la tuya.

Bonn-Nijmegen 25/III/94

Calendario

Ya han pasado los meses
más ligeros que el primer aliento
sin darnos, amigo, por enterado.

Luego es un año y algo más, la vida,
manantial que nace y se escurre
entre los dedos de nuestras manos.

Así se hace mi historia
pequeña entre sueños gigantes,
entre la soledad y un beso.

Bonn-Nijmegen, 25/III/1994

Un solo juramento

Un solo juramento: no jurar nada.
Franqueza engalanada de pequeñas e inevitables
mentiras que la acercan a las rocas
es nuestro escudo y es nuestra risa.

Para qué enceguecerse con luces que no son tales.
Tanto desengaño propio y ajeno, tanta agua
desde la primera tormenta ha caído
despintando los astros prometidos.

Me sobra saber que lees mis versos,
que me regalas un libro,
que gastamos una tarde en un paseo tranquilo.

Y que a mi cuerpo le hiere tu cuerpo distante.
Y que cuando se apague este dolor que ahora me aturde,
tu amistad brillará aún en la cicatriz de mi pecho.

Bonn, III/94

El fin

Nijmegen, 7/V/1994

Derrotero

Lévase el ancla pintada con mi pesadumbre oxidada:
las velas de nuevo al viento para reemprender viaje,
el camino circular, eterno, de principios y finales.

Abriendo una herida de cobre me adentro en el inmenso vacío.
Atrás dejo estelas de sueños, espuma leve desvaneciéndose
sobre las olas turbulentas del océano sin fronteras.

El sol al hundirse me abraza y emite un chasquido apagado;
nacen estrellas quebradas a merced de los caprichos del viento
que caen sobre el mar negro y furioso como lágrimas del cielo.

Noche me siento. Esperanza es la noche
que termina haciéndole espacio a un aliento difuso en la bruma
pero tangible como la luz redentora de un faro.

Con la vista en el horizonte me hago hacia nuevos destinos.
Mi único compañero a bordo: el paciente olvido.

Warnemünde-Malmö, Svalöv, 20/V/1994
Bonn, 9/IV/1998

Defectos

Vaga saudade, tanto
Dóis como a outra que é
A saudade de quanto
Existiu aqui ao pé.

Tu, que és do que nunca houve,
Punges como o passado
A que existir não aprouve.

Fernando Pessoa



No me dieron palabra para expresar mi pena
por tu ausencia punzante que no quiere ser olvido;
sin tregua me azota con adorable látigo
y aun muerto que estoy me hace sentir vivo.

En la lengua de mi sangre, digo, no tiene nombre
este estado del alma que me tiene en vilo:
vértigo, caída en el negro abismo,
el vacío que me causan tus ojos idos.

Me escudo tras los versos del poeta foráneo
que me ofrece en silencio su vocablo herido:
saudade.
Saudade infinita por haberte perdido.

Bonn, mucho tiempo después