Lágrimas de domingo
Si sientes tu pecho hundirse
como un racimo de zargazos quemados por el tiempo
en ese mar revuelto que es la tristeza:
llora, amigo, no te avergüences.
Es la despedida parte del juego
y de este dolor que nos invade de golpe
nace la alegría del próximo encuentro.
Despierta el tren y echa a andar
con el resuello de lo que involuntariamente se aleja,
dejándome a mí en este extraño país,
llevándote a ti hacia aquel otro.
Tras del brillo de tus ojos, ventana empañada,
se desvanece como un espejismo el rostro que más he amado.
Te repito: no te avergüences.
Llora, amigo, que yo lloro contigo.
Colonia, 19/XII/1993
como un racimo de zargazos quemados por el tiempo
en ese mar revuelto que es la tristeza:
llora, amigo, no te avergüences.
Es la despedida parte del juego
y de este dolor que nos invade de golpe
nace la alegría del próximo encuentro.
Despierta el tren y echa a andar
con el resuello de lo que involuntariamente se aleja,
dejándome a mí en este extraño país,
llevándote a ti hacia aquel otro.
Tras del brillo de tus ojos, ventana empañada,
se desvanece como un espejismo el rostro que más he amado.
Te repito: no te avergüences.
Llora, amigo, que yo lloro contigo.
Colonia, 19/XII/1993


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