La batalla
Súbito, tu labio,
débil llama desnuda,
avanza.
Desplegando velas
mi inocente mirada
se sorprende.
Con ráfagas de luz viva
tu pupila nocturna
ataca.
Sangrando mares,
endurecida, mi razón
retrocede.
Las lenguas de fuego
del huracán de tu aliento
arrasan.
Mi voluntad sin escudo,
ya estrella de otra noche,
capitula.
Se alza, temblando, hasta el cielo,
victorioso y ufano,
el deseo.
Bonn/Paris, II/1994


0 Comments:
Post a Comment
<< Home