Derrotero
Lévase el ancla pintada con mi pesadumbre oxidada:
las velas de nuevo al viento para reemprender viaje,
el camino circular, eterno, de principios y finales.
Abriendo una herida de cobre me adentro en el inmenso vacío.
Atrás dejo estelas de sueños, espuma leve desvaneciéndose
sobre las olas turbulentas del océano sin fronteras.
El sol al hundirse me abraza y emite un chasquido apagado;
nacen estrellas quebradas a merced de los caprichos del viento
que caen sobre el mar negro y furioso como lágrimas del cielo.
Noche me siento. Esperanza es la noche
que termina haciéndole espacio a un aliento difuso en la bruma
pero tangible como la luz redentora de un faro.
Con la vista en el horizonte me hago hacia nuevos destinos.
Mi único compañero a bordo: el paciente olvido.
Warnemünde-Malmö, Svalöv, 20/V/1994
Bonn, 9/IV/1998
las velas de nuevo al viento para reemprender viaje,
el camino circular, eterno, de principios y finales.
Abriendo una herida de cobre me adentro en el inmenso vacío.
Atrás dejo estelas de sueños, espuma leve desvaneciéndose
sobre las olas turbulentas del océano sin fronteras.
El sol al hundirse me abraza y emite un chasquido apagado;
nacen estrellas quebradas a merced de los caprichos del viento
que caen sobre el mar negro y furioso como lágrimas del cielo.
Noche me siento. Esperanza es la noche
que termina haciéndole espacio a un aliento difuso en la bruma
pero tangible como la luz redentora de un faro.
Con la vista en el horizonte me hago hacia nuevos destinos.
Mi único compañero a bordo: el paciente olvido.
Warnemünde-Malmö, Svalöv, 20/V/1994
Bonn, 9/IV/1998


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